¿Se imaginan que una estatua de un juez prevaricador (pongamos, Pascual Estevill) presidiera la Academia Judicial? ¿O una de José Amedo la de la Academia de Policía? ¿O una de un pederasta como Marc Dutroux en la Escuela de Pedagogía? ¿O que un cirujano borracho presidiera la Facultad de Medicina? ¿O que un militar golpista presidiera la Academia Militar? No, ¿verdad? El 24 de agosto de 2006 fue retirada la estatua ecuestra de Franco que presidía el patio de la Academia Militar de Zaragoza. ¡No está mal! Han tenido que transcurrir casi 27 años desde que los españoles aprobaran en referéndum una Constitución que subordina el poder militar al poder civil para que un general que hizo exactamente lo contrario, rebelarse contra un régimen democrático, dejara de ser honrado públicamente en la Academia Militar. Algunos militares se resistían a retirar la estatua argumentando que Franco fue el primer director de la Academia, y como tal se le honraba, pero el argumento es bastante zafio porque si el primer director de la Academia Militar organizó una guerra civil que costó la vida a cientos de miles de españoles, ejecutó sumariamente a decenas de miles y privó de sus libertades a los españoles durante cuarento años, la verdad es que no debió ser un buen director; de hecho ni siquiera un buen alumno, ya que el ejército debe preservar las libertades y el orden constitucional de amenazas exteriores, no amenazarlas.
Por tanto, uno duda de si la retirada de la estatua significa que las cosas funcionan en nuestro país … o que no funcionan. Lo cierto es que la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados examinó la cuestión de la estatua de Zaragoza en febrero de 2005 a iniciativa de Izquierda Unida, pero el PSOE consiguió diferir la retirada remitiéndola a la futura Ley de Memoria Histórica. Lo curioso es que tanto el PP como Coalición Canaria votaron en contra de la citada resolución. ¿Con qué argumentos? ¿La tradición? ¿No herir sensibilidades (de quiénes)?