Pero las administraciones públicas tienen la obligación de prevenirlos. Es curiosa la doctrina oficial ante los accidentes: el Consejero de Transportes de la Generalitat no tiene ninguna responsabilidad que asumir ante el accidente en el metro de Valencia pese a las 41 muertes (El País 6 de junio de 2006, p.17). Argumenta que “el factor humano siempre desempeñará un papel” (sic). Sin embargo, el razonamiento debería ser exactamente el inverso: “allá donde la vida de 41 personas pueda depender del factor humano, deben existir sistemas de seguridad que prevengan los accidentes”. Por eso nos ponemos el cinturón en el coche o el casco en una obra. Así lo entiende, parece, la misma Consejería, que apenas una semanas después del accidente ha instalado balizas de frenado automático en la línea en la que ocurrió el accidente. Con ocasión del accidente del Talgo de Murcia, en el caso del Yak-42, o en el incendio de Guadalajara, los políticos (de todo signo) se escudaron en que “los accidentes ocurren”, eludiendo así su responsabilidad. Para los políticos, parece que asumir la responsabilidad por un accidente supone ser culpable de que se produjera. No es así. Asumir la responsabilidad significa comprometerse a revisar todos los procesos y sistemas para entender qué ha pasado, por qué, si podía haberse evitado y asegurarse de que no ocurrirá otra vez. En Murcia y en Valencia faltaban semáforos con frenado automático, en Trabzon aviones con sistemas de aterrizaje adaptados a malas condiciones metereológicas, en Guadalajara hubieran sido necesarios trajes con protección ignífuga o al menos localizadores GPS en los vehículos para conocer en tiempo real su posición y poder socorrerlos sin fuera necesario. Trillo no mató nadie, pero sí era el responsable de la seguridad de los soldados españoles tanto de forma prospectiva como retrospectiva. Su responsabilidad es por tanto doble: algo falló en el Ministerio de Defensa, y las quejas no se tramitaron, lo que hizo más posible que el accidente ocurriera. Posteriormente, negó cualquier responsabilidad, lo que le impidió examinar a fondo qué medidas se debían tomar en el futuro para minimizar el riesgo de accidentes así ocurrieran. La actuación de Trillo es doblemente criticable en cuanto a sus resultados porque negarse a reconocer los errores nos impide aprender de ellos